Me di una vuelta por la feria del libro y vi una edición hermosa de las obras completas de la Bombal, editorial Zig-Zag. Recordé que, hace años, escribí algo sobre ella. Si a alguien le interesa, quédese, y si no... cambie de canal.

La autora de “La amortajada” dejó una historia inédita. La de un niño que desde los siete años estuvo junto a ella hasta su muerte. Ahora, José Luis Gallardo tiene 52 años. Es actor callejero y vive en una mediagua en Viña del Mar. Mientras la Bombal vuelve a las librerías con la reedición de sus “Obras completas” por Editorial Zig-Zag, Luchito la recuerda con un vaso de vino blanco en las manos.
Paulina Arancibia C-M
LND
Ese niño casi huérfano es José Luis Gallardo, o Luchito, como lo llamaban, quien llegó a la casa de María Luisa a los siete años. Su madre, que había enviudado, se vio obligada a trabajar como ama de llaves en el palacete de los Bombal. “Era un hogar donde imperaba el matriarcado. Por ser el único hombre, me convirtieron en el regalón”, dice José Luis, desde los cerros de Agua Santa, Viña del Mar, donde ahora reside desde que el sobrino de María Luisa, el actual senador Carlos Bombal, lo expulsara a él y a su madre de la céntrica casa ubicada en 5 Poniente, para instalar, en agosto de 1985, la naciente sede de la UDI. “En un principio, Bombal me dijo que podía ser el recepcionista, pero nos echaron con mi madre”. Ahora, Gallardo vive en una mediagua de dos piezas, y el senador Bombal no quiso hablar con LCD.
El poeta Sergio Parra, quien conoció a José Luis, dice que “esto es muy típico de las familias de clase alta chilena. Toman en crianza a un chiquillo y cuando la persona que le dio el afecto muere, lo echan de las casas porque temen que el chico reclame alguna herencia, o pueda tener alguna incidencia en los bienes. Creo que por ahí va el ocultamiento de esta persona”.
AMOR A PRIMERA VISTA
El living de José Luis está decorado por completo con muebles y adornos que pertenecieron a María Luisa. Un tocador redondo sostiene objetos personales de la autora de “La última niebla” y fotografías donde él siempre aparece a un costado de la mujer.
-Esas sillas eran de María Luisa -señala José Luis apuntando a dos asientos de roble.
En la casa de la familia Bombal Anthes vivían María Luisa, su madre y sus hermanas -las gemelas Loreto y Blanca-, y doña Antonieta Anthes (tía de la escritora), quien anhelaba que José Luis entrara al mundo de los negocios. Pero era tarde, el niño había sido tocado por el báculo de la escritora, ya que se dedicaba a pintar y a escribir.
El amor entre ellos fue a primera vista. María Luisa descansaba sentada al borde de una pileta ubicada en el jardín trasero de su casa y José Luis, de siete años, le pidió que le dedicara “La última niebla”.
-¿Qué te pongo, chiquillo? -le preguntó. Luchito respondió: “Para José Luis, de María Luisa Bombal paran-pan-pan”. La escritora se enojó tanto que lo trató de insolente, porque le molestó su falta de imaginación.
Tres años más tarde, ya eran excelentes amigos, y él se convirtió en su “secretario”.
La Bombal se sentía muy orgullosa de las “divagaciones poéticas” de José Luis, tanto que cada vez que podía le contaba a sus pares de oficio lo brillante que era. “Una vez fuimos a ver al poeta Juan Guzmán Cruchaga. Era un señor muy cálido y, por culpa de María Luisa, él se interesó en mis poemas. Me decía que le llevara los escritos; ¡imagínate!, yo pasarle mis poemas de cabro chico. Nunca lo hice”.
La escritora era una mujer muy triste y solitaria. Desde los nueve años fue perdiendo a todos sus seres queridos: a su padre, a sus dos maridos (Jorge Larco y Fal de Saint Phalle), a Eulogio Sánchez -el gran amor de su vida, a quien le disparó en pleno centro de Santiago-, a su madre y una hermana. A eso se suma que no contaba con el amor de su única hija, Brigitte, quien creció en Estados Unidos y se alejó de su madre apenas cumplió 17 años. María Luisa no se cansaba de enviarle cartas, pero ella sólo le enviaba escuetas respuestas en postales. La acumulación de angustia la convirtieron en una mujer insegura y su adicción al alcohol empeoró su condición depresiva.
“¡ERES UN AZOTE!”
Luego de una larga estadía en Estados Unidos de la narradora, María Luisa y Gallardo volvieron a juntarse en Viña del Mar en 1973. Ella fue alimentando la dependencia hacia Gallardo, a extremos asfixiantes para un joven de 18 años. No lo dejaba salir y cuando se intentaba escapar, María Luisa se enojaba y le gritaba: “¡Luis, eres un azote!”, y siempre quería saber dónde estaba su escurridizo compañero.
“María Luisa era de un carácter fuerte y difícil de llevar, pero todo lo compensaba con su buen humor, era genial, tenía una personalidad muy jovial, era muy chispeante, pero era un ser muy triste y solitario”, apunta José Luis, quien la acompañaba a pasear, a hacer diligencias y a tomarse un trago en el desaparecido bar Caribean, de Viña del Mar. José Luis se sentía más cercano a la escritora que a su propia madre. Con María Luisa se quedaban conversando hasta la madrugada. “Hacíamos locuras juntos. La soledad de ella hizo que me viera como a un hijo”, relata Gallardo.
Luchito se sentía responsable de su felicidad; por ello, incluso decidió escribirle una carta a su hija, Brigitte. “Le escribí y no contestó. Ni siquiera vino al funeral. Por eso creo que compensó todo ese amor de madre conmigo, ese cariño que nunca le fue correspondido”.
Mientras María Luisa viajaba a Santiago, él se encargaba de leer la correspondencia y si era necesario la contestaba. Pero la función más agotadora que José Luis debía cumplir con su mamá putativa era la de subirle el ánimo. Así pasó los últimos años con la autora, preparándole la ropa, animándola a salir cuando despertaba. “Le decía póngase esta ropa, tómese el café, vamos a la fiesta de Sara Vial”.
La vida que le dio María Luisa a Luchito no le pertenecía, dada su baja condición social. Creció entre embajadores, artistas de renombre y gente de la alta sociedad viñamarina. “Cuando falleció caí en una espantosa depresión, murió la persona que más quise en mi vida, mi confidente. Después de estar 25 años en la casa de los Bombal, aquí estoy esperando una pensión de gracia. A veces la veo, su sonrisa, sus chasquillas rectas, sus labios pintados, y en sus manos un lápiz o un vaso de vino blanco”.
“REEMPLAZABA EL AMOR CON UNA TRAGEDIA”
“María Luisa Bombal: Obras completas” es una compilación realizada por la profesora de literatura latinoamericana en la Universidad de California Lucía Guerra. Los tomos se conforman de entrevistas, en las que se puede conocer a la mujer que se esconde tras sus personajes, o declaraciones como que desde niña sufría amores secretos, e incluso afirma que de grande a menudo pensaba “... de qué me sirve ser autora de ‘La amortajada’ cuando mi desesperación es tan grande. Nunca tuve tino en el amor. Ese es un hecho. Al enamorarme perdía un amigo y lo reemplazaba por una tragedia”.
Otra de las curiosidades recogidas en la obra es una entrevista que María Luisa le hizo al escritor norteamericano Sherwood Anderson. Sin dejar de mencionar las palabras preliminares de su amigo Jorge Luis Borges. Además de cuentos, cartas, crónicas poéticas, y sus novelas “La última niebla”, “La amortajada”, “El árbol” y “La historia de María Griselda”.